Apollo y Midnighter: Superman, Batman y la normalidad como superpoder

En 1998, Warren Ellis y Bryan Hitch crearon a Apollo y Midnighter, la primera pareja gay que protagonizó una serie de superhéroes mainstream desde el primer número. Una excusa perfecta para hablar de The Authority, obra imprescindible que cambió los cómics para siempre.

Dos superhéroes masculinos lado a lado sobre una azotea bajo la lluvia nocturna, uno radiante en blanco y dorado emanando energía solar, el otro en armadura táctica negra con máscara, skyline devastado al fondo, iluminación cinemática dramática

Febrero de 1998. Warren Ellis y Bryan Hitch publican el número 4 de Stormwatch, una serie de la editorial Wildstorm sobre un equipo de superhéroes con un éxito modesto y ninguna pretensión de pasar a la historia. En esas páginas aparecen por primera vez dos personajes nuevos: Apollo y Midnighter. Dos hombres extraordinariamente poderosos, que comparten algo más que misiones, y cuya relación apenas se insinúa en esas páginas iniciales con una sutileza que en 1998 era, probablemente, la única forma posible de hacerlo.

Nadie lo comenta demasiado. Y eso, en aquel momento, era prácticamente un acto radical.

De Stormwatch a The Authority

No eran los primeros personajes gay en publicaciones de superhéroes: Northstar, de Marvel, les había precedido en eso desde 1992. Pero sí fueron la primera pareja establecida como tal desde el primer número, sin grandes reveals dramáticos, sin retcons vergonzantes años después, sin que su orientación sexual fuera el giro argumental de turno. Simplemente estaban ahí, como lo que eran.

Cuando Ellis tomó el control de Stormwatch, la serie ganó un tono más oscuro y más interesado en las consecuencias reales de que existieran personas con poderes sobrehumanos. Apollo y Midnighter llegaron como agentes renegados con un pasado turbio, pero desde el principio quedó claro que el autor tenía algo mayor planeado para ellos. Ese algo mayor se llamó The Authority. En 1999, Ellis y Hitch lanzaron la serie que los convertiría en protagonistas plenos, junto a un equipo de superhéroes que opera al margen de cualquier supervisión institucional y que no tiene reparos en usar la fuerza necesaria para conseguir lo que considera justo. Fue una bomba. Y todo lo que vino después en el cómic de superhéroes le debe algo.

Superman y Batman, pero en guapos y gays

La referencia es tan obvia que no tiene sentido esquivarla. Apollo es el Superman de la ecuación: alimentado por energía solar, capaz de volar, con una fuerza y una resistencia que rozan el absurdo. Moralmente también responde al arquetipo: luminoso, protector, el tipo que todavía cree en algo. Midnighter es el Batman: sin poderes mágicos en sentido estricto, sino con mejoras biológicas y tecnológicas que incluyen un corazón auxiliar por si le destrozan el primero, y la capacidad de calcular el resultado de cualquier pelea antes de que empiece. Es el que disfruta del combate de una forma que Apollo encuentra incómoda. El que actúa en las sombras y no pierde el sueño por lo que hace en ellas.

Que los análogos gay de Superman y Batman fueran pareja era, objetivamente, el sueño húmedo de cualquier lector gay de cómics que hubiera crecido con esos personajes. No voy a ser yo quien lo niegue. Pero lo que hace que Apollo y Midnighter resulten más interesantes que sus referentes es precisamente lo que sus referentes nunca han podido permitirse: se quieren, se lo dicen, y eso convierte la relación entre fuerza y vulnerabilidad en algo más complejo y más honesto que cualquier amistad entre hombres en pijama de colores que Gotham o Metrópolis hayan producido jamás.

La normalidad como superpoder

Y aquí está el punto que realmente importa. Apollo y Midnighter son gay, sí. Pero eso no es su definición. No son «el superhéroe gay»: son superhéroes que casualmente son pareja. Sus aventuras no giran en torno a su orientación sexual, no enfrentan villanos motivados por la homofobia, no tienen que superar el rechazo de su entorno ni hacer pedagogía para el lector. Simplemente existen como lo que son, y el mundo de la ficción los trata con la misma naturalidad que a cualquier otro elemento de la historia.

En 2002, en las páginas de The Authority, se casaron. Dos años antes de que ningún estado de los Estados Unidos hubiera legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo. La serie recibió el premio GLAAD, aunque lo verdaderamente notable no es el galardón sino la forma en que el matrimonio aparece en la narración: sin fanfarria especial, sin número musical, sin que la historia se detenga a subrayar su importancia histórica. Es una boda. Punto. Más adelante adoptaron a Jenny Quantum, la «Century Baby» del siglo XXI, una niña nacida el 1 de enero de 2000 con poderes sobre la física cuántica. Una familia no convencional en todos los sentidos posibles, tratada con exactamente la misma normalidad que cualquier otra cosa que ocurra en ese universo.

Por qué tienes que leer The Authority

Como obra, The Authority es imprescindible por razones que van mucho más allá de la pareja protagonista. Ellis y Hitch redefinieron la escala de lo que puede ocurrir en un cómic de superhéroes: las amenazas son cósmicas, las consecuencias son permanentes, y el equipo toma decisiones moralmente cuestionables que ninguna editorial habría permitido a Batman o a los Vengadores. El arte de Bryan Hitch inauguró lo que luego se llamó el «widescreen comics», páginas concebidas como planos cinematográficos de gran formato que todavía hoy resultan impresionantes. Si nunca has leído un cómic que parezca una película de ciencia ficción de alto presupuesto, esto es por donde empezar.

Cuando Ellis dejó la serie, Mark Millar tomó el relevo y llevó el tono todavía más lejos: más violento, más político, más dispuesto a incomodar. No todo el mundo considera que fue una mejora, pero sigue siendo lectura obligatoria para entender hacia dónde fue el cómic de superhéroes en los años 2000. La etapa de Millar generó algunas de las historias más polémicas del género y también algunas de las mejores.

Hay además una razón de actualidad para ponerse al día: James Gunn está preparando una película de The Authority para el nuevo universo cinematográfico de DC. La posibilidad de ver a Apollo y Midnighter en pantalla grande, con el peso narrativo que merecen, es lo suficientemente emocionante como para que valga la pena llegar con los deberes hechos. Y los deberes, en este caso, son un placer.

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