La pregunta que nadie hace al contratar un hosting
Cada web vive en un servidor real, enchufado a una red eléctrica real. Comparamos precio, espacio y velocidad al elegir hosting, pero casi nunca preguntamos de dónde sale esa electricidad. Debería ser una pregunta tan básica como cualquier otra.

Cuando alguien contrata un alojamiento web suele comparar el precio, el espacio de almacenamiento, la velocidad, el soporte técnico o, quizá, el país donde está el centro de datos por eso del RGPD. Es una lista de criterios razonablemente larga. Y sin embargo hay una pregunta que casi nunca aparece en ella: ¿con qué energía funciona ese servidor? Damos la electricidad por hecha, como si fuera un fluido neutro y homogéneo que llega igual a cualquier enchufe del planeta. No lo es, ni de lejos.
Un servidor no es una nube, es una nave industrial
La palabra "nube" ha hecho un daño considerable a la manera en que pensamos la infraestructura digital. Habla de algo ligero, etéreo, casi inmaterial, cuando en realidad detrás de cada web hay una nave industrial con filas de servidores metálicos, sistemas de refrigeración trabajando sin descanso y un consumo eléctrico enorme a fin de mes. Según la Agencia Internacional de la Energía, los centros de datos consumieron en 2024 alrededor del 1,5% de toda la electricidad del planeta, una cifra que crece cerca de un 12% cada año y que la propia agencia prevé que roce el 3% en 2030 empujada por la inteligencia artificial. No es un porcentaje marginal, y va a ir a más.
Ya escribí sobre lo que pasa cuando esa maquinaria trabaja de más sirviendo código inflado, plugins redundantes y page builders que generan basura. Pero aquel artículo hablaba de cuánta electricidad se consume. Este habla de otra cosa: de dónde sale esa electricidad, que importa exactamente igual y que casi nadie mira.
La huella depende de dónde enchufas, no solo de cuánto gastas
Aquí está el detalle que se nos escapa con facilidad: un centro de datos alimentado por carbón y otro alimentado por energía hidroeléctrica o nuclear pueden consumir la misma cantidad de kilovatios-hora para servir exactamente la misma web, y aun así dejar una huella de carbono que difiere en un orden de magnitud. La eficiencia del código —cuántos recursos pide una página— y el origen de la energía que los sirve son dos variables independientes. Puedes tener la web más ligera del mundo corriendo sobre la red eléctrica más sucia del mundo, y puedes tener una web mediocre corriendo sobre energía limpia.
Optimizar el código sin mirar el enchufe es resolver solo la mitad del problema.
Por qué casi nadie pregunta
Parte de la explicación es que la información no está a mano. Muchos proveedores hablan de sostenibilidad con árboles plantados, certificados de compensación o compromisos genéricos, pero sin explicar de dónde procede realmente la electricidad que alimenta sus centros de datos. No digo que esos mecanismos no tengan ningún valor —algunos lo tienen, y de forma legítima—, sino que sin ese dato concreto de origen no hay manera de distinguir el compromiso real del gesto de cara a la galería. Y como el cliente medio, o incluso el desarrollador medio, no tiene forma sencilla de comprobarlo, la pregunta simplemente deja de hacerse.
Hace unos años pasaba algo parecido con la jurisdicción de los datos. Nadie preguntaba en qué país vivían sus copias de seguridad hasta que el RGPD normalizó la pregunta y la convirtió en un criterio de contratación tan legítimo como el precio. Creo que al origen energético del hosting le falta exactamente ese empujón: pasar de curiosidad de nicho a pregunta estándar.
Qué preguntar de verdad
No hace falta ser ingeniero energético para exigir respuestas concretas. Un proveedor que se toma esto en serio puede decir, con nombres y apellidos, qué tecnologías de baja emisión de carbono alimentan sus centros de datos —hidroeléctrica, nuclear, eólica, solar— y no solo repetir la palabra "renovable" como un mantra. Puede explicar si compensa las emisiones que no evita y, si lo hace, con qué estándar de certificación independiente, porque no es lo mismo un sello reconocido como Gold Standard que una compensación autodeclarada sin verificación externa. Y puede decir también qué cargas de cómputo intensivo excluye de su infraestructura —minería de criptomonedas, renderizado en clúster, entrenamiento masivo de modelos— o bajo qué condiciones las admite.
Esas tres preguntas —qué energía, qué compensación, qué cargas se permiten— son perfectamente respondibles por cualquier proveedor serio. Si un proveedor no puede o no quiere contestarlas con claridad, esa propia ambigüedad ya es la respuesta.
Un dato de coherencia, no un titular
En mi caso, cuando trasladé este blog de proveedor, comprobé esas tres cuestiones antes de contratar. El proveedor que elegí fue Alwaysdata, que publica esa información con suficiente detalle: sus centros de datos en Francia se alimentan de energía hidroeléctrica y nuclear, compensa lo que no evita con certificación Gold Standard, y declara explícitamente que no aloja minería de criptomonedas, renderizado en clúster ni computación intensiva de ese tipo. No lo menciono porque sea el único proveedor que lo haga —seguro que no lo es—, sino porque creo que cualquier proveedor serio debería ofrecer ese mismo nivel de transparencia. Elegirlo tampoco tiene ningún mérito especial por mi parte: yo no genero esa electricidad, solo decidí tener ese criterio al contratar.
La alarma que me interesa hacer sonar no es "mirad qué verde soy". Es más simple y más incómoda: la próxima vez que contrates un hosting, o que encargues una web a alguien, pregunta de dónde sale la electricidad que la sirve.


