Una esfera en un banco del Arenal y todo lo que vino después
Mi cuarto relato nació de una pregunta sin respuesta satisfactoria: ¿qué harías con un objeto inexplicable que el gobierno pide que entregues? El narrador lo guarda en el bolsillo. A partir de ahí, todo.

Este relato arrancó de algo muy sencillo: la imagen de alguien que encuentra un objeto en un banco, lo recoge, y decide no entregarlo. Sin una razón que pueda explicar. Solo porque sí.
Lo que me interesaba no era el objeto —qué es, de dónde viene, qué hace— sino lo que ocurre si esa decisión pequeña, sin lógica aparente, resulta ser la más importante de tu vida. No porque el objeto te dé poderes ni porque te revele ningún secreto. Sino porque, sin que lo notes, va cambiando las decisiones que tomas. El curso al que te apuntas. La gente que conoces. El barrio al que te mudas.
Y lo que más me interesaba: que hay personas que no tienen el objeto pero que acaban en el mismo sitio igualmente, guiadas por alguien que sí lo tiene. Eso me parece más humano que cualquier elemento de ciencia ficción que haya en el relato.
Lo que guardamos es el cuarto relato que escribo. Está ambientado en Bilbao y empieza un martes de febrero en el Arenal. Termina treinta años después, con la misma esfera en la misma palma.


