Buscando a Tom en Bilbao (IV): Puertas adentro

Serie de ilustraciones a carboncillo sobre atmósfera ámbar que persigue el deseo masculino con Bilbao como escenario. Cuarta entrega: cruzar el umbral, los espacios donde los gestos no tienen testigos y los cuerpos no necesitan excusa.

Ilustración a carboncillo de dos hombres en los muelles del Nervión, trazo sucio sobre papel sepia

Toda historia de amor necesita un interior. Un espacio donde los gestos no tienen testigos y los cuerpos no necesitan excusa.

Esta galería cruza ese umbral. Empieza en la oficina o el trabajo —esos espacios de transición entre lo público y lo íntimo— y avanza hacia dentro: la cocina donde se cocina a cuatro manos, el patio donde se tiende la ropa junta, la habitación donde la cama deshecha cuenta lo que pasó antes del amanecer.

Hay en estas imágenes una intimidad que no es solo física. Un hombre que le anuda la corbata a otro. Dos delantales manchados de salsa. La reducida intimidad de un tren nocturno. Una pizza en el sofá con la tele encendida y los pies entrelazados.

Bilbao aquí se ve por las ventanas: los tejados del Casco Viejo al amanecer, la catedral recortada contra un cielo de grafito. Pero lo importante pasa dentro. Puertas adentro es donde el deseo se convierte en costumbre, y la costumbre en hogar.


Cuarta de ocho galerías. 28 ilustraciones originales. Técnica mixta digital: carboncillo y grafito sobre atmósfera bilbaína.

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