Diferente, la película que la censura franquista no supo leer
Cómo Alfredo Alaria convirtió un espectáculo de cabaret en la primera película española con un protagonista abiertamente homosexual, sin que la censura franquista se enterara.

Cuando escribí sobre Alfredo Alaria, dejé la película Diferente casi de refilón: la mencioné lo justo para explicar por qué el bailarín acabó expulsado de España. Pero cuanto más he seguido leyendo sobre ella, más me ha ido pareciendo que la propia película merece un artículo aparte, casi al margen de quién la protagonizara. Diferente es, probablemente, la primera película española con un protagonista abiertamente homosexual, y la manera en que se hizo -y en que nadie pareció darse cuenta de lo que tenía delante- merece que nos detengamos en ella con calma.
Un espectáculo de cabaret convertido en guion
Diferente nació como un espectáculo de cabaret. Alaria llevaba tiempo representando en los teatros un montaje llamado De las Vegas a España, y en algún momento de 1961 decidió llevarlo al cine casi tal cual: mismos números musicales, mismo vestuario, misma estructura de revista. El título provisional del guion era Ellos son diferentes, y no fue hasta el doce de diciembre de ese año cuando se decidió el título definitivo, más corto y, sin saberlo entonces nadie fuera del círculo de Alaria, mucho más elocuente.
En los créditos oficiales aparece como director el técnico Luis María Delgado, encargado sobre todo de resolver en imágenes los números musicales. Pero el propio Alaria escribió el argumento, diseñó el vestuario y firmó las coreografías, y quienes han comparado la película con el resto de la filmografía de Delgado coinciden en que la mano que realmente construyó Diferente fue la del bailarín. Los créditos finales, de hecho, lo dejan por escrito: la cinta se cierra con la frase "un film de Alfredo Alaria", algo poco habitual para quien en teoría solo era el protagonista.
Una biblioteca, un martillo neumático y una bragueta
Lo que hace de Diferente un caso tan particular no está tanto en el diálogo -bastante convencional, incluso ingenuo- como en lo que se cuela por las esquinas del plano. Ya en los títulos de crédito, la cámara recorre la biblioteca del protagonista, y entre los lomos de los libros aparecen Federico García Lorca, Sigmund Freud, Oscar Wilde y Marcel Proust: un fusilado por la República y por su condición sexual, un psicoanalista que había escrito sobre el deseo, un escritor encarcelado en Inglaterra por amar a otro hombre, y un novelista que dedicó media vida a describir, sin nombrarlo del todo, el mismo deseo que Alaria estaba a punto de poner en pantalla. Para cualquiera con un mínimo de cultura de la época, esa estantería ya lo decía casi todo.
Más adelante hay un plano en travelling que sigue la bragueta del protagonista mientras camina, y la que se ha señalado como la escena más recordada de la película: un obrero maneja un martillo neumático en un edificio en obras, y la cámara se acerca poco a poco al rostro de Alfredo, que lo observa con un deseo que ningún diálogo llega a explicar ni le hace falta. Rodada en un Eastmancolor de colores muy vivos, con una estética camp que se nota especialmente en los números musicales, Diferente utilizó movimientos de cámara y un montaje que no tenían demasiados precedentes en el cine español de la época.
Estrenada sin permiso, vista sin darse cuenta
Diferente se rodó sin el permiso oficial de rodaje ni de distribución que exigía el régimen, lo cual explica en parte por qué su estreno, en 1962, no fue en Madrid ni en ninguna gran capital, sino en un cine pequeño de Tarragona, desde donde empezó a circular casi al margen del control habitual. Y, sin embargo, cuando por fin pasó ante la junta censora, no le pidieron un solo corte.
La explicación probablemente sea bastante sencilla: casi nadie se dio cuenta de lo que estaba viendo. La coartada del espectáculo, los números musicales, la excentricidad atribuida al protagonista como simple rasgo de carácter artístico, todo eso funcionó como cortina de humo perfecta delante de una censura entrenada para detectar diálogos explícitos, no para leer bibliotecas o miradas de reojo. La única excepción documentada es un crítico del diario Ya, que sí la entendió y la describió, con desprecio, como una película sobre la desviación amorosa contra natura. El resto de la prensa la trató como lo que aparentaba ser: un musical extravagante más.
Un reestreno que llegó quince años tarde
Diferente tuvo una segunda vida en 1977, cuando se volvió a estrenar ya en democracia y, por primera vez, se pudo promocionar abiertamente por su temática homosexual. Es una fecha curiosa: el mismo año en que empezaba a circular por los quioscos españoles la revista Party, la primera publicación dirigida sin disimulos al público gay. Durante quince años, la película más audaz del cine español en ese terreno había circulado casi en secreto, conocida solo por quien supiera dónde buscarla; de repente, en cuestión de meses, empezó a convivir con una prensa que ya no necesitaba camuflarse detrás de un musical.
El robo que nunca existió
Hay un detalle final que me parece el mejor cierre posible para esta historia, aunque no tenga que ver directamente con la censura. Años después, ya deteriorado, Alaria le contó al escritor Francisco Umbral, que se lo encontró deambulando por el Barrio Chino de Barcelona, que él había inventado West Side Story y que Hollywood se lo había robado. La realidad parece haber sido justo la contraria: quienes han analizado Diferente coinciden en que su principal fuente de inspiración fue precisamente ese musical, que por entonces ya arrasaba en los escenarios internacionales. Alaria no inventó West Side Story. Pero sí consiguió, con los medios de una España censurada y sin presupuesto de Hollywood, algo que ningún musical americano de la época se atrevió a hacer: contar en pantalla, sin decirlo con todas las letras, lo que de verdad estaba contando.


