Jiraiya, el anónimo que heredó las portadas del bara japonés
Trabaja en publicidad, no da la cara, no circula ninguna foto suya y firma con el nombre de un bandido mágico del folclore. Renunció a ser mangaka porque el ritmo semanal no le dejaba vivir, y volvió al cómic a los treinta y uno por la única puerta donde podía dibujar lo que de verdad quería dibujar.
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