Francisco Albisu y la ingeniería nuclear española: entrevista rescatada de 1998
Una entrevista de 1998 a Francisco Albisu, primer empleado de Labein y responsable de la instalación del primer reactor nuclear de investigación en Bilbao, sobre sus años de formación, su máster en el MIT y el futuro de la energía nuclear en España.

La vida profesional de Francisco Albisu está irremediablemente ligada a la ingeniería nuclear, lo cual le ha proporcionado múltiples satisfacciones. Trabajador reconocido y respetado, en el aspecto más personal se muestra comunicativo, preciso y educado, incluso con aire juvenil. En sus ratos libres le gusta disfrutar de largos paseos —cuanto más largos, mejor— o entregarse a la lectura de un buen libro; también le gusta mucho el cine.
Hablé con Francisco Albisu en su despacho en Sener, una amplia habitación, ordenada y llena de recuerdos. En una de las paredes destaca una foto de los padres de la Física, donde podemos encontrar reunidos en una sola imagen a un joven Einstein o a Marie Curie entre otros muchos. Con ellos como espectadores de excepción, comenzamos hablando sobre su ingreso en la Escuela de Ingenieros de Bilbao.

El acceso a la Escuela y la vocación por la ingeniería
Comencé a estudiar la preparación para ingeniero en 1947. En aquella época, tras el bachillerato y superar la reválida, se pasaba directamente a las facultades. Pero para las carreras de ingeniería había unos exámenes de acceso muy duros, inexistentes en otras carreras. Tal vez no existía un numerus clausus legalmente establecido, pero sí lo había de facto. En ese examen no se tenían en cuenta las notas anteriores y generalmente la gente se preparaba en academias privadas. Existían dos bloques de ingreso, lo que suponía un mínimo de dos años. El examen se realizaba solo en junio.
¿Por qué se decidió a estudiar precisamente la carrera de ingeniero?
La carrera me gustaba y también fue un factor muy importante el que se pudiera hacer en Bilbao, ya que salir fuera implicaba una serie de complicaciones, no solo económicas, sino de muchos tipos. Aprobé el ingreso del 47 al 49 y luego terminé la carrera en 1955, justo cuando se fundaba Labein. Yo fui el primer empleado de Labein.
¿Qué especialidades se impartían en la Escuela entonces?
Eran seis años y lo que había eran las llamadas intensificaciones: mecánica, química y eléctrica, que se diferenciaban en algunas asignaturas. Yo estudié mecánica. La vocación existía en general, aunque en algunos casos venía sugerida por el afán de librarse de ciertas asignaturas.
Era un tiempo en el que no estudiaba mucha gente, ¿no?
Éramos muy pocos alumnos. En mi promoción, los que ingresamos en el 49, creo que éramos unos veinte; y las promociones anteriores serían por el estilo. Al año siguiente al mío ya había más gente, del orden de cuarenta. Además, durante mis tiempos de estudiante coexistieron dos planes de estudio y llegamos a juntarnos en una única clase gente de edades bastante distintas porque la misma asignatura se impartía en cursos diferentes.
Supongo que con tan poca gente en la Escuela, la relación con los compañeros y profesores sería bastante estrecha.
En aquel tiempo los profesores, en general, no tenían dedicación exclusiva a la Escuela; ni siquiera tenían allí un despacho. Había una sala de profesores, pero nada más. Los profesores venían de la calle, daban su clase y se marchaban. Por eso, la relación con ellos se reducía casi exclusivamente a la clase. Y esa relación era habitualmente bastante distante; ya en aquel tiempo, esa era la forma de dar clase en España. Había profesores educadísimos, cordiales, respetuosos y, en el otro extremo, otros que eran, por decirlo suavemente, poco afables con los alumnos.
Sí. Eso también sucede hoy en día.
(Sonríe)
También hay que decir que entonces no había sindicatos libres de estudiantes ni cosas de ese estilo. Como mucho, una huelga cuando el Gobierno decidió dar titulación oficial a la educación privada de algún centro concreto.
El descubrimiento de IAESTE y el viaje a Alemania
Al hablar de la relación con los profesores menciona que esa relación distante era frecuente en España, pero que en los Estados Unidos las cosas eran diferentes y que se apostaba más por la cordialidad. Como siempre que se habla de estudiantes en otros países, inevitablemente sale a la conversación la labor actual de IAESTE y cómo eran las cosas entonces, en los inicios de la asociación.
Lo de IAESTE fue una cosa muy interesante. Yo creo que en el año 52 ya viajó alguien de nuestra Escuela. Yo lo hice en el verano del 53, al terminar el 4º curso de carrera. Creo que en total viajamos cuatro de 4º y seis de 5º. El proceso de selección no lo conozco, pero también hay que tener en cuenta que los veranos la gente iba a las milicias universitarias y tenías dos veranos completamente ocupados.
¿Para qué país obtuvo la beca?
Yo viajé a Alemania y fue una gran experiencia. Apenas había salido de casa y, además, se incluía el hecho de estar en una fábrica. Salir es muy importante. Y, a partir de entonces, eso fue a más. Por ejemplo, en Alemania, el servicio de intercambio de estudiantes era muy superior al servicio internacional. Organizaban muchas excursiones, visitas...
Y para los estudiantes en general, ¿había algún tipo de ayuda?
Había becas, pero no tantas como ahora. En los colegios privados tenían obligación de tener un 20% de estudiantes gratuitos, lo que generaba diferencias sociales dentro del propio colegio. Y en la Escuela de Ingenieros, el precio de la matrícula era bajo, mucho menor relativamente que el actual, con lo cual el gravamen para la familia consistía en que, con 22 años, todavía no estabas trabajando, pero nada más.
Y en cuanto a prácticas en empresas, ¿existía algún programa de cooperación educativa como sucede ahora con los alumnos de sexto?
No, no había nada de eso. Voluntariamente, había gente que en los veranos conseguía que su padre le colocase en alguna empresa durante algunos meses, pero eso era todo.
La vieja Escuela de La Casilla y sus laboratorios
Si hablamos del edificio, ¿cómo era entonces la Escuela?
Mis estudios en la Escuela fueron en el antiguo edificio de La Casilla, un edificio viejo, con algunas aulas tipo anfiteatro, y lo compartíamos con los peritos, que no tenían Escuela propia. Los pasillos eran anchos, las aulas muy despejadas, en general sin aglomeraciones, ni siquiera en épocas de exámenes.
¿Y el tema de los laboratorios? Porque, especialmente para un ingeniero mecánico, se necesitan unas instalaciones cuando menos costosas.
Sí que había. Aparte de los laboratorios químicos, por los que hemos pasado todos, para los mecánicos existía un taller con tornos, cepillos y taladros, donde se daban las prácticas de Tecnología Mecánica. Además, para la asignatura de Motores había un par de motores que se montaban y desmontaban, igual que creo hacen en Medicina con los cadáveres. Y los eléctricos también tenían sus montajes eléctricos, etc.
De Labein al MIT: el nacimiento de la ingeniería nuclear en España
En el terreno profesional, Francisco Albisu ha pasado de ser el primer empleado de Labein a ser, en estos momentos, presidente de su Patronato. Desde 1969 ha trabajado en Sener, entregado a su especialidad, la ingeniería nuclear. Paralelamente ha sido catedrático en la Escuela de Ingenieros y durante cuatro años fue decano del Colegio de Ingenieros, en lo que denomina una época tranquila, pero con un par de situaciones graves. Pero, de sus inicios, recuerda cómo comenzaron en Labein.
Terminé la carrera en abril de 1955. Se había ya decidido la construcción de la nueva Escuela y, simultáneamente, D. José Torróntegui, que era el director de la Escuela, lanzó la idea de montar un centro tecnológico para realizar ensayos e investigación industrial. Estos Laboratorios Industriales iban a estar situados al otro lado de las vías, donde hoy está el edificio B, pero luego se optó por otro emplazamiento y se situó en Olabeaga. Además, se decidió poner un reactor nuclear en este centro de investigación y me orientaron a mí hacia ese tema.
¿Influyó su trabajo en su forma de dar clases en la Escuela?
Yo fui responsable de la instalación del reactor, en 1962, y de su funcionamiento hasta 1969, y allí llevaba a los alumnos a hacer prácticas. Posteriormente, mi trabajo en la empresa privada me ha permitido continuar inmerso en el campo nuclear y eso se ha reflejado en la enseñanza en la Cátedra. Tenía la posibilidad de llevar al aula la experiencia nuclear del día a día, en España y en la empresa.
Y, además, usted fue una de las primeras personas en hacer un máster de Ingeniería Nuclear en Estados Unidos.
Por el año 54 había sido la 1ª Conferencia Internacional de Usos Pacíficos de la Energía Atómica en Ginebra, donde se abrió al mundo lo que se estaba haciendo en diferentes países. Torróntegui me buscó una plaza en un curso de introducción a la ingeniería nuclear que se dio en Madrid de enero a marzo del 56, y de allí me buscó una plaza para Estados Unidos, donde estuve desde septiembre del 56 a junio del 57; efectivamente, otro técnico de Madrid y yo nos graduamos con el máster de Ingeniería Nuclear en el MIT en esas fechas. Había habido el año anterior, y luego siguieron, cursos nucleares de otro tipo en Chicago, pero los nuestros fueron los primeros con titulación académica, exámenes, tesis, etc.
(En este punto, Francisco Albisu me enseña un libro sobre el desarrollo nuclear español, en el que aparecen un par de fotografías suyas en algunas de esas actividades)
Estuve tres veces más, en estancias de pocos meses, en Estados Unidos como empleado de Labein, donde trabajé durante 14 años; y también daba algunas clases en la Escuela. En el 64 conseguí la Cátedra, pero no escogí la dedicación continua. Luego dejé Labein para ir a Sener, pero no dejé la Escuela.
«He tenido la oportunidad de llevar al aula la experiencia del día a día en España y en la empresa»
El futuro de la energía nuclear en España
¿Cómo ve el futuro nuclear en España?
El presente está estabilizado; hay nueve centrales funcionando. El 35% de la electricidad es de origen nuclear, lo cual está en torno a la media de la Unión Europea, pero hay que tener en cuenta que hay países sin ninguna central, mientras que en Francia supone un 80% del total de la electricidad. Lo que sucede en España es que no hay un aumento fuerte en la demanda de energía eléctrica. Ahora se construyen instalaciones energéticas más pequeñas, que se rematan en tres o cuatro años, y que atraen más a los inversores. ¿El futuro? Las centrales nucleares en marcha en España tienen vida todavía para entre 15 y 30 años; la instalación de más centrales nucleares está sujeta a muchas incertidumbres económicas, de demanda, de aceptación pública, de política nacional y comunitaria, etc.
Pero existe un rechazo social a la energía nuclear...
Sí, pero no está justificado. Es cierto que no se construyen más centrales, pero la energía nuclear, para mí, es totalmente imprescindible. Y dentro de unos años, cuando haya que parar las actuales centrales, eso habrá que sustituirlo con algo, y es impensable que se haga con carbón o con gas; solo la energía nuclear puede reducir drásticamente las emisiones de CO2, por no hablar de óxidos de nitrógeno, de azufre, etc.
«El rechazo social a la energía nuclear no está justificado»
¿Y la energía nuclear de fusión?
Estamos trabajando ya en ello, pero le faltan quizás 50 años para estar operativa comercialmente.
(En el tiempo que estuvimos hablando, Francisco Albisu se mostró comprometido con su actividad profesional y habla con detalle de su trabajo y de todo lo que este le ha reportado)
Profesionalmente, he tenido oportunidad de participar en muchas áreas del tema nuclear como actividad principal de mi trabajo o en la empresa. También puedo decir, como aspecto lateral pero evidentemente estimulante, que esa actividad me ha hecho viajar, permitiéndome conocer culturas desde Chile hasta Malasia y desde Suecia hasta Kuwait.
Entrevista publicada originalmente en Dyna, revista de la Escuela de Ingenieros de Bilbao, en el número especial del centenario de la Escuela, 1897-1998. Transcripción propia a partir del ejemplar en papel.


