Un año en el cajón de sastre
Hace un año publiqué el primer artículo de Paigar.eu convencido de que esto sería un blog secundario. Hoy sigue siendo el sitio en el que más me divierte escribir, y todavía no tengo ni idea de cuánta gente me lee. Eso, lejos de ser un problema, resulta que es la solución.

Hace un año publiqué el primer artículo aquí. Lo hice con la convicción tranquila de que esto sería un blog secundario: un espacio de desfogue, un rincón donde poner las cosas que no encontraban hueco en ningún otro sitio. Y con la certeza implícita de que, si me aburría o se me acababan las ideas, simplemente dejaría de escribir y nadie lloraría demasiado por ello.
Un año después, no ha pasado nada de eso. Ha pasado exactamente lo contrario.
Paigar.eu se ha convertido, con bastante diferencia, en el sitio en el que más me divierte escribir. No sé muy bien cómo explicarlo sin que suene al descubrimiento de algo obvio, pero resulta que cuando escribes sin que nadie te lo haya pedido, sobre lo que te apetece en ese momento, sin tener que defender la elección del tema ante ningún comité ni justificar por qué esto y no aquello otro, escribir se parece mucho más a lo que debería ser. Y lo que debería ser, al menos para mí, es algo que se hace porque sí, porque apetece, porque hay algo que quiere salir y necesita papel aunque sea digital.
Lo que empezó siendo secundario ha terminado siendo, paradójicamente, el más personal de todos mis sitios. Y eso ya lo convierte en el más importante de cierta manera.
La ventaja de no tener que rendir cuentas a nadie
Los otros blogs tienen sus reglas. El Bilbonauta tiene un tono, una audiencia implícita, una coherencia que hay que mantener. Idenautas tiene una línea editorial que tira hacia lo profesional, lo técnico, lo útil para alguien que trabaja en desarrollo web. Son buenos sitios, los cuido, me gustan. Pero escribir en ellos implica siempre una pequeña negociación interior: ¿encaja esto aquí?, ¿tiene el tono adecuado?, ¿alguien que viene a buscar lo que yo le ofrezco en este sitio va a encontrar valor en esto que acabo de escribir?
Aquí esa negociación no existe. No hay línea editorial que defender. No hay audiencia a la que adaptarse. Si me da por escribir sobre la geometría imposible de las imágenes verticales en maquetaciones panorámicas, va. Si me apetece contar que me enamoré de un ángel de película siendo niño y de ahí viene el nombre del sitio, también va. Si me apetece escribir un relato de ciencia ficción de dos páginas sin saber bien adónde va, igualmente. Y si un día me da por hacer las tres cosas en el mismo mes, no tengo que explicárselo a nadie.
Es una libertad que suena pequeña hasta que te das cuenta de que es la única libertad real que existe en este negocio. El resto son compromisos bien llevados.
Un desierto que a veces recibe correo
He hecho algo en Paigar.eu que, si me lo hubieran dicho hace cinco años, no me habría creído: no he instalado ninguna herramienta de analítica. No sé cuánta gente visita esto. No sé si me lee una persona o cien. No sé si hay artículos que funcionan mejor que otros, ni desde dónde llega la gente, ni cuánto tiempo se quedan.
Trabajo con métricas todos los días. Las conozco, las respeto, sé exactamente para qué sirven y cómo usarlas para que no empiecen a tomar decisiones por su cuenta. Y precisamente por eso sé que, en este sitio, si las metiera, en tres meses estarían decidiendo qué escribir. El artículo que funciona bien genera el impulso de escribir más artículos parecidos. El que no llega a nadie hace que al siguiente le cueste más salir. Y así, poco a poco, sin que nadie lo haya decidido conscientemente, el sitio empieza a escribirse solo en dirección a los números y no en dirección a lo que te apetecía decir.
No tengo ese problema porque no tengo esos números. En consecuencia, y con toda la honestidad del mundo, no tengo ni idea de si esto es un desierto o si me lee alguien. Bueno, sé que alguien sí, porque he recibido algún correo con comentarios sobre artículos concretos. Pero son datos anecdóticos, no estadísticos. El universo cuantitativo del blog sigue siendo para mí un misterio, y voy a dejarlo así.
Esa ignorancia, que en otro contexto sería un problema de información, aquí es exactamente lo que me da la libertad para seguir escribiendo lo que me da la gana. Si no sé si alguien me lee, no puedo escribir para ellos. Solo puedo escribir para mí. Y eso, a estas alturas, me parece la mejor configuración posible.
El pudor de los relatos
La novedad más reciente ha sido la sección de relatos. Y confieso que fue la que más me costó arrancar.
No soy escritor. No pretendo serlo. Llevo toda mi vida admirando el género de la ciencia ficción corta —esa forma tan particular de contar grandes ideas en poco espacio, esa capacidad para hablar del presente disfrazándolo de futuro— pero siempre desde el lado del lector. Asimov, Dick, Lem, Bradbury: universos que caben en veinte páginas y duran décadas. Exponerme como el que escribe tiene una vulnerabilidad diferente a la de explicar cómo funciona un sistema de placeholders de imagen. El código técnico o se ejecuta o no se ejecuta. Un relato puede ser malo de una manera mucho más personal.
Había, en definitiva, un momento de vergüenza que superar. El momento en que decides publicar algo que no sabes si tiene ningún valor literario, escrito por alguien sin credenciales de escritor ni intención de tenerlas. Lo publiqué. Y no pasó nada grave. Nadie me escribió para decirme que era un horror. Y el hecho de no tener analíticas significa que tampoco pude ver si nadie lo leyó, lo cual tiene un efecto secundario muy interesante: el silencio estadístico funciona como un escudo contra el ridículo cuantificado.
Una vez superado ese primer momento de exposición, me apetece desarrollar más ideas en ese formato. Tener mi pequeña parcela en ese territorio, aunque sea amateur y sin pretensiones, me parece un privilegio que este cajón de sastre me permite. Creo que es la sección que más va a crecer en los próximos meses. O puede que no. Ya veremos, que es también el método.
Lo que viene después del cajón
Lo que se está dibujando solo, sin que yo haya tomado ninguna decisión formal, es que este blog va a absorber a paigar.es. La lógica es bastante directa. La parte profesional tiene su casa en Idenautas, que es donde corresponde. La parte viajera vive en el Bilbonauta, que ya tiene su historia y su audiencia. Y el perfil de desarrollador que hasta ahora mantenía en paigar.es no tiene suficiente entidad propia para justificar un sitio separado cuando aquí hay un espacio que incluye eso y, además, mucho más.
Queda la duda del dominio. Paigar.eu tiene la historia más corta pero es donde nació este proyecto tal como existe hoy. Paigar.es tiene una historia mucho más larga —fue mi primer dominio profesional, el nombre de mi empresa, el apellido digital con el que empecé— y tiene ese peso de lo anterior. Lo que tengo bastante claro es que el .eu es el que se queda y el .es redireccionará aquí. Fue como nació este cajón de sastre, y ese origen merece cierta lealtad.
Aunque tampoco lo tengo decidido al cien por cien. Puede que mañana cambie de opinión. Ese es el privilegio de no tener accionistas.
Si alguien me lee, gracias. Este ha sido un año mejor de lo que esperaba.
Y si no me lee nadie, este sigue siendo el rincón en el que más me permito ser yo mismo. Que al final puede que sea la razón más sólida para seguir.


